
Algunos y algunas guionistas queremos rebelarnos contra las inservibles normas de la escritura de cine. Y queremos reconocer las normas que amamos, las que de verdad nos guían a los autores de cine independiente y heterodoxo.
Hace décadas que los guionistas contemporáneos ignoran las reglas de los tres actos, devoran los diálogos explicativos y ponen minas a los personajes arquetípicos. ¿Por qué entonces las escuelas de guion siguen enseñándonos a inventar puntos de giro? Escribamos de cero, sacudamos la estructura, convirtamos la escritura en puro ensayo. El poema y el grito son pequeñas bombas en cada secuencia. Estamos en contra de la teoría del conflicto central. Buscamos escritura paseante y centrífuga, historias sin héroes ni conclusión moral.